En un foro de internet alguien escribió:
¿Agradecerías infinitamente algo como esto?
Vamos a suponer que yo vivo contigo y que soy un tipo mucho más fuerte que tù, que podrìa acabar con tu vida con mis propias manos, además tengo un arsenal de poderosas y silenciosa armas, tengo medios para deshacerme de tu cuerpo y jamás ser castigado, sin embargo no se me ocurre ni me da la gana de hacer nada de eso.
Vivirías agradeciendo que pudiendo en un instante acabar contigo no lo haga, agradeciendo por cada día que te "permito" vivir?
Esto pregunto porque muchos viven agradeciendo la "infinita bondad de Dios" de permitirles vivir cada día.
Y alguien contestó:
Algo parecido a lo que hicieron tus padres durante toda tu infancia. Tú sabrás si les estás agradecido o no.
martes, 30 de septiembre de 2008
sábado, 20 de septiembre de 2008
Comenzando con la Biblia.

El nuevo creyente o aquel que sólo siente un inesperado interés por el estudio de la Biblia, se encuentra con una serie de sorpresas según va avanzando en su investigación.
La primera de ellas llega en el momento de adquirir un ejemplar al encontrarse con varias opciones a su disposición: católica, protestante u ortodoxa, y dentro de cada una de ellas múltiples versiones en su lengua materna. Tiene que utilizar un idioma muy minoritario para que no encuentre un ejemplar completo o secciones de la Biblia.
La primera de ellas llega en el momento de adquirir un ejemplar al encontrarse con varias opciones a su disposición: católica, protestante u ortodoxa, y dentro de cada una de ellas múltiples versiones en su lengua materna. Tiene que utilizar un idioma muy minoritario para que no encuentre un ejemplar completo o secciones de la Biblia.
Si se encuentra ya dentro de una iglesia optará por una de las tres, y aunque parezca en un principio que las diferencias con otras versiones son mínimas, las hay. Seguramente pensará (como me sucedía hasta hace poco) que eran cuestiones de estilo o por la traducción de algún que otro término para apoyar o desbaratar una intrincada posición teológica. Pero si se estudia el tema más a fondo, podrá ver que la versión escogida, y que probablemente manifieste que se basa en los textos originales (a no ser que haya optado por la Vulgata católica o la Traducción de las Escrituras del Nuevo Mundo de los testigos de Jehová), a la hora de traducir el Antiguo Testamento, elegirá el canon palestino, con la garantía que da su uso en el Talmud y que será elegido por un concilio judío en Jamnia en los años 90-100 d.C. tras la caída de Jerusalén usando textos hebreos, o bien utilizará el canon alejandrino, también llamado la versión de los setenta, utilizada por los judíos de habla griega, mucho más variable, y que utiliza la traducción que según la leyenda hicieron al griego setenta y dos traductores hebreos, y que incluye más libros.
Si ha optado por una versión que utilice el canon palestino sentirá más seguridad acerca de la fidelidad de la traducción, pero esa sensación se tambaleará cuando sepa que las Escrituras que utilizaban Jesús y sus discípulos eran las recogidas en la Septuaginta, y que bastantes de los temas claves del cristianismo como los ángeles, la resurrección de los muertos, el juicio final, la sabiduría divina, etc. son consecuencia de esos libros que no forman parte del canon palestino.
Resignado a no contar de momento más que con una sola versión, emprende la lectura del Nuevo Testamento, ya que ha leído que presenta muchas menos divergencias que el Antiguo: los mismos libros y con mayor uniformidad en las fuentes al ser menor el tiempo trascurrido.
Al no dominar los idiomas originales en que se escribió el libro: hebreo, arameo y griego, tiene que confiar en la pericia de los traductores. Así ve que el arte de traducir es algo que avanza día a día según van apareciendo nuevos manuscritos y los expertos continúan investigando. Por tanto no se puede decir que exista la traducción definitiva y perfecta. Ni siquiera se podría afirmar que una traducción más reciente es mejor que otra antigua. Le hace pensar saber que el traductor puede traducir un vocablo según él piense que es mejor darle el significado que tendría hoy y que mejor se adopta a la mentalidad actual o simplemente “volcarlo” con su significado literal de entonces, más fiel pero con el peligro de que el sentido varíe totalmente para nosotros. Se da cuenta de lo difícil que tiene que ser el traducir términos como “oveja” a un idioma en el que no existan esos animales, como sucede con los esquimales, o palabras que se refieran a objetos y costumbres tan localizadas en el tiempo y espacio.
Otra duda le surge cuando sabe de la existencia, al igual que en el Antiguo Testamento de libros (1 Clemente, la epístola de Bernabé, Sabiduría de Salomón, el Apocalipsis de Pedro, el Pastor de Hermas, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Pedro.)que han estado a punto de formar parte de ser considerados como inspirados por Dios, pero que por dudarse de su apostolicidad (aunque Hebreos fue aceptado por creerse de origen paulino y hoy se afirma que no es así), por ser aceptados tanto por la iglesia occidental como por la oriental, por su ortodoxia y por el uso litúrgico generalizado en las iglesias.
Visto que han existido múltiples listados de libros canónicos hasta que se ha fijado el definitivo se pregunta si no se habrán rechazado libros verdaderamente inspirados por Dios y se habrá incluido algún libro que no lo es. Se cuestiona asimismo que pasaría si un descubrimiento arqueológico sacara a la luz un libro que cumpliera todos los requisitos. Teóricamente habría que aceptarlo como parte de las Escrituras y habría de rechazarse la idea de un canon cerrado por siempre.
Tras leer los cuatro evangelios, se da cuenta de que aunque el contenido es muy similar, sobre todo en los sinópticos, prefiere unos a otros porque reflejan mejor la idea que tiene él de Cristo. Piensa que tal vez unos libros contengan más nítidamente el mensaje de Dios. No entiende que Dios en el Antiguo Testamento mande exterminar pueblos enteros o castigue faltas como la de Uza por evitar que el arca caiga al suelo o perdone todo tipo de pecados a David. Llega a creer que el Nuevo Testamento no tiene nada que ver con el Antiguo.
Como aparte de leer la Biblia también estudia tratados sobre el libro sagrado, se entera de que está cayendo en lo que se llama el canon dentro del canon, que se trata de la postura de pensar que los libros de la Biblia tienen distinto grado de inspiración. Y no precisamente los libros que cuando se formó el canon fueron más conflictivos como Hebreos o 2ª de Pedro, sino en función de que esos libros apoyen más o menos nuestros puntos de vista teológicos o refuercen los dogmas de nuestros adversarios. Claro que ve que es muy fácil mostrar preferencia de unos libros sobre otros, sobre todo esos libros en los que es tan difícil ver que Dios nos muestre mensaje alguno como Números. Es en ese momento cuando se da cuenta de que tal vez por eso en las principales iglesias existe el año litúrgico, de tal manera que el ministro oficiante se ve abocado a leer y utilizar en el culto unos textos determinados, de tal manera que en pocos años tanto él como la comunidad de fieles han oído todas las Escrituras.
Pero entiende que tampoco es difícil pensar que unos libros puedan tener mayor fuerza que otra. Los Evangelios recogen como vivió Cristo en la tierra, lo que dijo y cómo murió por nosotros. En cambio otros libros sólo recoger aspectos muy parciales y concretos. Nota el detalle de que cuando en los servicios se lee el evangelio, generalmente por el ministro oficiante, la comunidad se coloca de pie, mientras que cualquier otro fragmento, incluso del Nuevo Testamento, se escucha sentado. Eso sería signo de cierta preferencia. Por otra parte el contenido del mensaje que Dios podía trasmitir a su pueblo cuando éste era una tribu nómada en constante lucha contra los elementos y todos sus vecinos, no podía ser el mismo que cuando ese pueblo ya se ha asentado, ha creado un estado y puede reflexionar y procesar el mensaje que le llega. Algo que se puede ver con los diferentes tipos de profetas que van trasmitiendo el mensaje a Israel.
El nuevo creyente llega a la conclusión que por otra parte debe confiar más en el proceso de conformación del canon, que llevó siglos, miles de discusiones y debates. Algo comparable a la diferencia de un buen vino que se forma a lo largo del tiempo, lentamente, sedimentando lo valioso y descartando lo sobrante, y un vino malo, joven, en que todo vale o se elimina lo valioso por un mal criterio de selección.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Cuestión de marketing.

Antes que nada quiero que se tenga en cuenta que lo que voy a comentar está influido por lo que he observado que sucede en España, y más concretamente en Madrid. Pese a ello he creído observar que es un problema que se reproduce por toda España y, me atrevería a aventurar, por todo el mundo. Muy pocas iglesias he encontrado en que se haya subsanado, y por ello hago la siguiente petición, tratando que la excepción se convierta en generalidad y lo que parece ser el problema de unos pocos (y que no son tan pocos) se convierta en una dificultad subsanada y en un empujón más para la difusión del Evangelio en todas partes y a todos.
Con pocas excepciones las iglesias cristianas han tenido a bien congregarse el domingo, día en que se produjo la resurrección del Señor. A lo largo de los siglos tanto las sociedades urbanas como rurales no han tenido inconveniente en dedicar unas horas para congregarse para aprender de la palabra, reconfortarse mutuamente y sentir que son una comunidad fuerte y unida. Era fácil porque ese día un altísimo porcentaje de la comunidad cesaba en sus actividades habituales y podía buscar ese momento para reunirse.
Pero hay que reconocer que últimamente los tiempos han cambiado mucho. El domingo ha dejado de ser un día de placidez. Primero el comercio buscó que el ciudadano tampoco dejara de consumir ese día, si uno descansa no gasta, e hizo que ocio se relacionara con gasto. No hay que dejar tiempo libre para nada que no sea lo que la actividad comercial, el dios de hoy en día, determine.
Por ello y cada vez más, los creyentes tienen dificultades para poder congregarse. Verdad es que en muchas ocasiones se trata simplemente de pereza, desidia y comodidad, pero otras tantas el creyente se encuentra con que a esa misma hora tiene que trabajar (alguien tiene que estar al otro lado del mostrador para vender o servir las bebidas) o realizar actividades familiares con el cónyuge no creyente.
Por eso pido a todos los pastores de este país que se planteen la posibilidad de ofrecer cultos y actividades a horas no habituales. Ya no basta con los cultos dominicales a media mañana. Se va haciendo preciso que las iglesias puedan abrir las puertas a primerísima hora del domingo, las tardes de cualquier día laboral o incluso por la noche. También se trata de marketing, el ser humano se suele ver acosado por sus dudas espirituales y existenciales por la noche y en medio de la soledad. Y en esos momentos nadie quiere esperar a que llegue la hora de apertura convenida. Las puertas de las iglesias siempre deben estar abiertas.
Con pocas excepciones las iglesias cristianas han tenido a bien congregarse el domingo, día en que se produjo la resurrección del Señor. A lo largo de los siglos tanto las sociedades urbanas como rurales no han tenido inconveniente en dedicar unas horas para congregarse para aprender de la palabra, reconfortarse mutuamente y sentir que son una comunidad fuerte y unida. Era fácil porque ese día un altísimo porcentaje de la comunidad cesaba en sus actividades habituales y podía buscar ese momento para reunirse.
Pero hay que reconocer que últimamente los tiempos han cambiado mucho. El domingo ha dejado de ser un día de placidez. Primero el comercio buscó que el ciudadano tampoco dejara de consumir ese día, si uno descansa no gasta, e hizo que ocio se relacionara con gasto. No hay que dejar tiempo libre para nada que no sea lo que la actividad comercial, el dios de hoy en día, determine.
Por ello y cada vez más, los creyentes tienen dificultades para poder congregarse. Verdad es que en muchas ocasiones se trata simplemente de pereza, desidia y comodidad, pero otras tantas el creyente se encuentra con que a esa misma hora tiene que trabajar (alguien tiene que estar al otro lado del mostrador para vender o servir las bebidas) o realizar actividades familiares con el cónyuge no creyente.
Por eso pido a todos los pastores de este país que se planteen la posibilidad de ofrecer cultos y actividades a horas no habituales. Ya no basta con los cultos dominicales a media mañana. Se va haciendo preciso que las iglesias puedan abrir las puertas a primerísima hora del domingo, las tardes de cualquier día laboral o incluso por la noche. También se trata de marketing, el ser humano se suele ver acosado por sus dudas espirituales y existenciales por la noche y en medio de la soledad. Y en esos momentos nadie quiere esperar a que llegue la hora de apertura convenida. Las puertas de las iglesias siempre deben estar abiertas.
sábado, 30 de agosto de 2008
No será lo mismo.
¿Quién no ha recibido por la calle o en su hogar la visita de un testigo de Jehová? Es encomiable el denuedo con que proclaman sus doctrinas, al margen del error indudable que contienen.
Hace poco me fue entregada una de sus revistas y la estuve hojeando y ojeando un rato. Me llamaron la atención las ilustraciones con que describen el futuro paraíso terrestre. Ya se sabe su doctrina acerca de los 144.000 elegidos que irán junto con Cristo a un paraíso celeste mientras que el resto de los salvados vivirán eternamente en una tierra plenamente restaurada. Una tierra idílica donde el león descansará junto al cordero que pasta tranquilamente.
Uno de los alicientes de ese futuro edén es la posibilidad de que todos aquellos resucitados y salvos podrán volver a ver a sus parientes fallecidos o aún por nacer. ¿Qué madre que haya perdido a un hijo no sentirá consuelo ante la posibilidad de ver vivo de nuevo a su hijo?
Pero ante tan halagüeñas descripciones me surgió una duda que poco a poco se transformó en objeción. Supongamos un creyente modélico en las doctrinas de la organización, éste desea volver a ver cuando resucite a sus padres, fallecidos en edad provecta, ya que también fueron buenos fieles, pero a su vez éstos tuvieron unos abuelos, asimismo testigos de Jehová de provecho, y que por tanto también querrán conocer a sus nietos, a los que dejaron de ver cuando éstos eran jóvenes y lozanos. ¿Con qué edad resucitarán? ¿Serán menores que sus nietos o mayores que sus abuelos? Se me antoja que ese edén bucólico se convertiría pronto en un infierno de confusión de edades y nombres. Y eso que los testigos no creen en el Infierno. ¿Qué pasaría con aquellos creyentes viudos que se volvieron a casar? ¿Existirá la poligamia en la tierra futura?
Ya dijo Cristo que en el Paraíso no habría matrimonios y desde luego los cuerpos no serían como los actuales. Y es que no hay como leer el periódico para darse cuenta de que el Paraíso será todo menos parecido a lo que hay aquí ahora.
Hace poco me fue entregada una de sus revistas y la estuve hojeando y ojeando un rato. Me llamaron la atención las ilustraciones con que describen el futuro paraíso terrestre. Ya se sabe su doctrina acerca de los 144.000 elegidos que irán junto con Cristo a un paraíso celeste mientras que el resto de los salvados vivirán eternamente en una tierra plenamente restaurada. Una tierra idílica donde el león descansará junto al cordero que pasta tranquilamente.
Uno de los alicientes de ese futuro edén es la posibilidad de que todos aquellos resucitados y salvos podrán volver a ver a sus parientes fallecidos o aún por nacer. ¿Qué madre que haya perdido a un hijo no sentirá consuelo ante la posibilidad de ver vivo de nuevo a su hijo?
Pero ante tan halagüeñas descripciones me surgió una duda que poco a poco se transformó en objeción. Supongamos un creyente modélico en las doctrinas de la organización, éste desea volver a ver cuando resucite a sus padres, fallecidos en edad provecta, ya que también fueron buenos fieles, pero a su vez éstos tuvieron unos abuelos, asimismo testigos de Jehová de provecho, y que por tanto también querrán conocer a sus nietos, a los que dejaron de ver cuando éstos eran jóvenes y lozanos. ¿Con qué edad resucitarán? ¿Serán menores que sus nietos o mayores que sus abuelos? Se me antoja que ese edén bucólico se convertiría pronto en un infierno de confusión de edades y nombres. Y eso que los testigos no creen en el Infierno. ¿Qué pasaría con aquellos creyentes viudos que se volvieron a casar? ¿Existirá la poligamia en la tierra futura?
Ya dijo Cristo que en el Paraíso no habría matrimonios y desde luego los cuerpos no serían como los actuales. Y es que no hay como leer el periódico para darse cuenta de que el Paraíso será todo menos parecido a lo que hay aquí ahora.
miércoles, 20 de agosto de 2008
Es para todos.
Hasta hace pocos años parecía que la Teología de la Liberación estaba definitivamente difunta. La caída del bloque socialista le habría asestado un golpe mortal del que definitivamente podría recuperarse. No quiero decir que los dirigentes socialistas apoyaran financieramente a este grupo de teólogos, pero sí parece claro que los que recibían ayudas eran los diversos grupos guerrilleros revolucionarios que operaban por América del Sur, y eran unos cuantos de aquellos teólogos los que justificaban y alentaban intelectualmente a esos grupos. Pero no sólo de ideas vive el hombre. En cuanto se han acabado los dólares los movimientos revolucionarios han entrado en un declive del que sólo parece que les pueda sacar el petróleo de Chavez. Cuba, que en su momento también fue buena patrocinadora, bastante tiene con mantenerse ella sola a duras penas.
El lema fundamental de esta teología es la opción preferencial por los pobres. O sea, que no excluyen a los ricos del Reino de los Cielos, pero visto que Cristo mismo dijo que lo tenían más difícil que un camello intentando pasar por el ojo de una aguja, pues para qué molestarse con ellos. De hecho su libro de la Biblia preferido no es ninguno de los evangelios, sino el libro de Éxodo, paradigma del pueblo que se libra de la opresión y logra con ímprobos esfuerzos la libertad prometida por el Dios redentor.
Pero fijándonos en los evangelios vemos como Cristo se dirigió a los pobres, pero tras muchos milagros a ni uno de ellos libró de sus penurias económicas. Más aún, no tuvo empacho en proclamar que pobres siempre habría entre sus discípulos.
Además Cristo fue y es tan difícil de clasificar que aparte de dirigirse a pobres, prostitutas, enfermos, etc., también tuvo palabras de consuelo y salvación para militares o publicanos (los banqueros de la época) Tantos a unos como otros les pidió que dejaran su vida anterior y no pecaran más, porque pecan por igual y con las mismas consecuencias el rico como el pobre, y es que Dios no hace acepción de personas. Malo si antes de proclamar el evangelio nos fijamos en la cartera del que ansía salvación.
El lema fundamental de esta teología es la opción preferencial por los pobres. O sea, que no excluyen a los ricos del Reino de los Cielos, pero visto que Cristo mismo dijo que lo tenían más difícil que un camello intentando pasar por el ojo de una aguja, pues para qué molestarse con ellos. De hecho su libro de la Biblia preferido no es ninguno de los evangelios, sino el libro de Éxodo, paradigma del pueblo que se libra de la opresión y logra con ímprobos esfuerzos la libertad prometida por el Dios redentor.
Pero fijándonos en los evangelios vemos como Cristo se dirigió a los pobres, pero tras muchos milagros a ni uno de ellos libró de sus penurias económicas. Más aún, no tuvo empacho en proclamar que pobres siempre habría entre sus discípulos.
Además Cristo fue y es tan difícil de clasificar que aparte de dirigirse a pobres, prostitutas, enfermos, etc., también tuvo palabras de consuelo y salvación para militares o publicanos (los banqueros de la época) Tantos a unos como otros les pidió que dejaran su vida anterior y no pecaran más, porque pecan por igual y con las mismas consecuencias el rico como el pobre, y es que Dios no hace acepción de personas. Malo si antes de proclamar el evangelio nos fijamos en la cartera del que ansía salvación.
domingo, 10 de agosto de 2008
Poderoso caballero es don Dinero.
Me hallaba arrellanado en un sillón leyendo el periódico, mientras contribuía a esa nefasta y nada ecológica costumbre de mantener encendido el televisor, sin prestar atención a lo que se emitía pero siendo adormecido por el run run de los anuncios.
De repente la melodía de uno de ellos me llamó poderosamente la atención. Desde luego no era el producto del que se proclamaban las virtudes lo que me recordaba algo. No, era la música. Aunque mi oído musical tiende a escaso y pésimo, la memoria no tardó demasiado en dar con la solución. Se trataba de los acordes de una canción que sacó hace ya algunos años un cantante español, rumbero para más señas. Tras una carrera de éxitos proclamó que había encontrado a Cristo y se convirtió, congregándose en la iglesia de Filadelfia. Fue tanto su furor que sacó varias canciones cristianas. Recuerdo que el estribillo de la canción de marras era: “Jesucristo es poderoso, Jesucristo tiene poder”. Tampoco se puede decir que fuera un prodigio de profundidad.
Al poco tiempo abandonó la denominación y fue de plató en plató y diciendo a todo el que le quisiera escuchar, que aquello sólo era una máquina de sacar dinero, que volvía al mundo y que ya no creía en Dios ni en la vida eterna.
Lo paradójico del caso es que el producto anunciado, y me imagino que el cantante habrá dado el consentimiento para ello, es un producto de limpieza. Así el estribillo ha quedado:
“ X (no recuerdo el nombre) es poderoso, X tiene poder” Otro prodigio de originalidad.Esperemos que con el tiempo, este artista se dé cuenta de que el que de verdad limpia, y de una vez para todas, es el primer ejemplo. Que el segundo sólo elimina la mancha superficial y temporalmente (y habría que comprobar si es verdad) Y que mucho me temo que el que esta vez ha caído bajo las ruedas de la máquina de hacer dinero ha sido él.
De repente la melodía de uno de ellos me llamó poderosamente la atención. Desde luego no era el producto del que se proclamaban las virtudes lo que me recordaba algo. No, era la música. Aunque mi oído musical tiende a escaso y pésimo, la memoria no tardó demasiado en dar con la solución. Se trataba de los acordes de una canción que sacó hace ya algunos años un cantante español, rumbero para más señas. Tras una carrera de éxitos proclamó que había encontrado a Cristo y se convirtió, congregándose en la iglesia de Filadelfia. Fue tanto su furor que sacó varias canciones cristianas. Recuerdo que el estribillo de la canción de marras era: “Jesucristo es poderoso, Jesucristo tiene poder”. Tampoco se puede decir que fuera un prodigio de profundidad.
Al poco tiempo abandonó la denominación y fue de plató en plató y diciendo a todo el que le quisiera escuchar, que aquello sólo era una máquina de sacar dinero, que volvía al mundo y que ya no creía en Dios ni en la vida eterna.
Lo paradójico del caso es que el producto anunciado, y me imagino que el cantante habrá dado el consentimiento para ello, es un producto de limpieza. Así el estribillo ha quedado:
“ X (no recuerdo el nombre) es poderoso, X tiene poder” Otro prodigio de originalidad.Esperemos que con el tiempo, este artista se dé cuenta de que el que de verdad limpia, y de una vez para todas, es el primer ejemplo. Que el segundo sólo elimina la mancha superficial y temporalmente (y habría que comprobar si es verdad) Y que mucho me temo que el que esta vez ha caído bajo las ruedas de la máquina de hacer dinero ha sido él.
lunes, 4 de agosto de 2008
Para poder comparar.

Hace poco tiempo conversaba con un amigo. Él estaba todo orgulloso de su nueva Biblia. Un soberbio ejemplar de la Biblia de Jerusalén. Buenas pastas, tipografía excelente y un buen tamaño de las fuentes para los que habiendo superado la cuarentena empezamos a notar como la vista se nos va deteriorando poco a poco.
Surgió inevitablemente el asunto de la mayor o menor fiabilidad de las versiones. Comenté como los testigos de Jehová de habla española utilizan una versión que no es traducción directa de los textos originales sino de la versión en inglés. Y cualquiera que haya leído una sola página de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, podrá darse cuenta que el estilo del texto deja bastante que desear. Ambos estábamos de acuerdo en ese aspecto.
Sin embargo mi amigo, animado en su labor crítica, no tuvo reparo en objetarme que la versión que suelo utilizar, una Reina Valera de 1.960, contenía un español de hacía 48 años, cuando ninguno de ambos habíamos nacido. Pude objetar que existían actualizaciones mucho más recientes, que incluso poseo una de 1.995, pero por ser algo incómoda para manejar por su tamaño y por inercia, seguía utilizando la RV-60. Para poder articular de alguna manera una “contraofensiva”, agarré su libro y comencé a ojearlo para averiguar la fecha de su última actualización. En ese momento me llevé la sorpresa de ver que no se trataba de una traducción de los textos originales, sino de la versión francesa, que sí ostenta esa característica. Desde luego con un estilo mucho mejor que la antes mencionada, pero traducción de traducción al fin y al cabo.Mayor fue aún la sorpresa de mi amigo, que se sentía como engañado. Nos reímos del chasco, y poco después nos dimos cuenta que aquello era una muestra del peligro de utilizar una sola versión. Continúo teniendo mi “vieja” Reina Valera como Biblia principal, pero he decidido desempolvar la versión de 1.909, de 1.995 y la Nacar Colunga cada vez que tenga que hacer cualquier estudio bíblico o simplemente tenga alguna duda que consultar. Comprar otra versión aparte de la que tenemos no deja de ser una buena inversión que recomiendo con toda vehemencia.
Surgió inevitablemente el asunto de la mayor o menor fiabilidad de las versiones. Comenté como los testigos de Jehová de habla española utilizan una versión que no es traducción directa de los textos originales sino de la versión en inglés. Y cualquiera que haya leído una sola página de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, podrá darse cuenta que el estilo del texto deja bastante que desear. Ambos estábamos de acuerdo en ese aspecto.
Sin embargo mi amigo, animado en su labor crítica, no tuvo reparo en objetarme que la versión que suelo utilizar, una Reina Valera de 1.960, contenía un español de hacía 48 años, cuando ninguno de ambos habíamos nacido. Pude objetar que existían actualizaciones mucho más recientes, que incluso poseo una de 1.995, pero por ser algo incómoda para manejar por su tamaño y por inercia, seguía utilizando la RV-60. Para poder articular de alguna manera una “contraofensiva”, agarré su libro y comencé a ojearlo para averiguar la fecha de su última actualización. En ese momento me llevé la sorpresa de ver que no se trataba de una traducción de los textos originales, sino de la versión francesa, que sí ostenta esa característica. Desde luego con un estilo mucho mejor que la antes mencionada, pero traducción de traducción al fin y al cabo.Mayor fue aún la sorpresa de mi amigo, que se sentía como engañado. Nos reímos del chasco, y poco después nos dimos cuenta que aquello era una muestra del peligro de utilizar una sola versión. Continúo teniendo mi “vieja” Reina Valera como Biblia principal, pero he decidido desempolvar la versión de 1.909, de 1.995 y la Nacar Colunga cada vez que tenga que hacer cualquier estudio bíblico o simplemente tenga alguna duda que consultar. Comprar otra versión aparte de la que tenemos no deja de ser una buena inversión que recomiendo con toda vehemencia.
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