“Un cristiano es libre, dueño y señor de todas las cosas y no está sometido a nadie. Un cristiano es un esclavo sujeto a prestación personal en todas las cosas y está sometido a todos” Martín Lutero. 1520

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Cuestión de marketing.


Antes que nada quiero que se tenga en cuenta que lo que voy a comentar está influido por lo que he observado que sucede en España, y más concretamente en Madrid. Pese a ello he creído observar que es un problema que se reproduce por toda España y, me atrevería a aventurar, por todo el mundo. Muy pocas iglesias he encontrado en que se haya subsanado, y por ello hago la siguiente petición, tratando que la excepción se convierta en generalidad y lo que parece ser el problema de unos pocos (y que no son tan pocos) se convierta en una dificultad subsanada y en un empujón más para la difusión del Evangelio en todas partes y a todos.
Con pocas excepciones las iglesias cristianas han tenido a bien congregarse el domingo, día en que se produjo la resurrección del Señor. A lo largo de los siglos tanto las sociedades urbanas como rurales no han tenido inconveniente en dedicar unas horas para congregarse para aprender de la palabra, reconfortarse mutuamente y sentir que son una comunidad fuerte y unida. Era fácil porque ese día un altísimo porcentaje de la comunidad cesaba en sus actividades habituales y podía buscar ese momento para reunirse.
Pero hay que reconocer que últimamente los tiempos han cambiado mucho. El domingo ha dejado de ser un día de placidez. Primero el comercio buscó que el ciudadano tampoco dejara de consumir ese día, si uno descansa no gasta, e hizo que ocio se relacionara con gasto. No hay que dejar tiempo libre para nada que no sea lo que la actividad comercial, el dios de hoy en día, determine.
Por ello y cada vez más, los creyentes tienen dificultades para poder congregarse. Verdad es que en muchas ocasiones se trata simplemente de pereza, desidia y comodidad, pero otras tantas el creyente se encuentra con que a esa misma hora tiene que trabajar (alguien tiene que estar al otro lado del mostrador para vender o servir las bebidas) o realizar actividades familiares con el cónyuge no creyente.
Por eso pido a todos los pastores de este país que se planteen la posibilidad de ofrecer cultos y actividades a horas no habituales. Ya no basta con los cultos dominicales a media mañana. Se va haciendo preciso que las iglesias puedan abrir las puertas a primerísima hora del domingo, las tardes de cualquier día laboral o incluso por la noche. También se trata de marketing, el ser humano se suele ver acosado por sus dudas espirituales y existenciales por la noche y en medio de la soledad. Y en esos momentos nadie quiere esperar a que llegue la hora de apertura convenida. Las puertas de las iglesias siempre deben estar abiertas.

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