Le he dado mis señas a la muerte,
Para que sin buscarme me encuentre,
Que no piense que la temí,
que me oculté de su suerte...
¡Seanos cercana la muerte!
¿No está ya siempre presente?
Me voy, sin decir adiós a mi gente,
sin saciarme del amor, de la verdad,
de la hermosura, de la bondad...
Pero corro en todo instante,
para alcanzar en cada instante,
la meta, la eternidad.
Poema escrito por Necati Aydin, torturado hasta la muerte, el 18 de abril de 2007, en la oficina de una editorial cristiana evangélica en la ciudad de Malatya (Turquía)
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