“Un cristiano es libre, dueño y señor de todas las cosas y no está sometido a nadie. Un cristiano es un esclavo sujeto a prestación personal en todas las cosas y está sometido a todos” Martín Lutero. 1520

viernes, 4 de septiembre de 2009

El cristianismo con o contra las nuevas tecnologías.

Partamos de la base de que por definición el cristianismo está en contra de muy pocas cosas, y creo que difícilmente se podrá considerar que las nuevas tecnologías sean una de ellas.

Jamás se podrá encontrar prueba alguna en la Biblia contra cualquier tecnología. Otro asunto es el empleo y finalidad que se dé a cualquier tecnología.

Sería inimaginable el retroceso brutal que hubiera supuesto para la difusión y crecimiento del cristianismo si la iglesia se hubiera opuesto al empleo de la imprenta inventada por Gutenberg, o si mucho antes no se hubiera ido actualizando el empleo de nuevos formatos donde recoger la escritura y los medios para plasmarla. A estas alturas todavía estaríamos esperando por años para recoger la Biblia que encargamos al copista de turno.

Pero si el cristianismo ha sabido aprovecharse de los progresos técnicos, no menos es verdad que también los han sabido emplear los enemigos del cristianismo, y a menudo con mayor diligencia y rapidez.

Se trata de una carrera en la que es difícil tomar ventaja y muy fácil quedarse atrás. No se puede desaprovechar cualquier resquicio que deje la técnica para permitirnos difundir con mayor amplitud y nitidez la Palabra de Dios, pero hay que tener en cuenta que lo primordial a la hora de trasmitir la Palabra de Dios es la misma Biblia. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Rom. 10:17, por lo tanto más que en el formato en que se trasmita el mensaje, nos tenemos que fijar en la fidelidad de la información que proporcionamos a la misma Palabra.

Es importante ser fieles en ese aspecto a la Palabra, porque tenemos algún que otro ejemplo que nos lo muestra. Primero fue la más que explicita La Pasión de Mel Gibson, parecía que tras su proyección todas las iglesias iban a tener que aumentar su aforo por la masiva afluencia de nuevos creyentes; más tarde fue la un poco más críptica Las Crónicas de Narnia la que parecía que iba a conseguir mejorar esas avalanchas, pero nada de eso sucedió.

Hoy en día prácticamente todas las iglesias cuentan con su web o blog, sus pastores pueden escribir sus sermones en modernos ordenadores y trasmitirlos en tiempos que dejarían sobrecogido a San Pablo, pero tampoco se producen esas avalanchas. Es evidente que la clave no está en lo espectacular o rapidez de la información, sino en la información misma. Lo que llega deprisa, deprisa se va, y lo que impresiona por lo espectacular se difumina en cuanto llega otro mensaje sólo un poco más brillante.

Si fundamentamos nuestro mensaje sólo en la tecnología, sucederá que como dice la parábola, el mensaje se quedará junto al camino, no echará raíz y será arrebatado rápidamente. En cambio el mensaje fundamentado en la misma Palabra, sin grandes artificios sino basado en la palabra escrita y en la palabra hablada: “Luego la fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios. Rom.10:17

Así que no debemos tener miedo a las tecnologías que van llegando y que cada vez más rápido pierden la condición de nuevas. No se trata de eludirlas pero tampoco de idolatrarlas. El cristianismo las debe considerar como un simple apoyo para propagar el Mensaje, eso sí, con la condición de que el Mensaje sea con mayúsculas (fundamentado en la Palabra de Dios) y que siempre sea superior en todo al que sólo tiene minúsculas (el que se opone a la Palabra de Dios)

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