Anda de moda entre los amantes de lo esotérico el estudio de los ángeles. Lo que sucede es que, como de costumbre, andan más que desencaminados.
Ven los ángeles como intermediadores, como conseguidores de favores, y al final como sustitutos de Dios.
Pero si observamos la Biblia, encontramos que de los millones de ángeles existentes sólo conocemos el nombre de dos, Miguel y Gabriel.
Vemos que rehusan recibir cualquier tipo de adoración (Lucas 1:26; Apo. 12:7) y hasta no hacen alarde de su mayor sabiduría y poder (1ª Pedro 1:12)
Nuestras miradas si deben dirigirse a ellos, pero no para enviarles oraciones, peticiones y mucho menos adoración. Simplemente debemos aprender de su capacidad de obediencia, del fin hacia el que se dirige su actividad y su gran humildad.
Cabe preguntarse si todos aquellos entre quienes se han puesto de moda los ángeles y todo lo relacionado con ellos, no estarán más interesados en realidad en los ángeles que cayeron.
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