Me llama la atención encontrar en La Atalaya, la principal publicación de los testigos de Jehová, de 15 de febrero de 2.007, y concretamente en la página 11, considerar como un favor de Dios que un día dos testigos de Jehová estaban indecisas acerca de formar parte de una cola para recibir ayuda alimenticia del gobierno o dedicar ese tiempo mejor a predicar por las calles.
Tras meditarlo optaron por lo segundo. Finalmente ese día no llegó la ayuda gubernamental y todos los que estuvieron en la fila se quedarón con hambre y ellas pudieron predicar. No explica porque no predicaron a quienen estaban en la cola y así podían matar dos pájaros de un tiro. La revista entiende aquello como un milagro y no se detiene en notar cómo el pecado (ambición, ira, etc.) ha provocado esa situación de hambre, inseguridad y terror.
Pero poco después me encuentro en mi periódico habitual que en una iglesia derruida por el reciente terremoto de Italia, los bomberos han podido rescatar intacta una escultura de marmol de la virgen María. También aquello es calificado de milagro, obviando que la feligresía de la iglesia ha sido diezmada, que el templo ha quedado inservible y que seguramente esos bomberos harían más falta en otros lugares de aquella zona devastada.
Realmente el milagro es que el Señor no se harte de una vez por todas y siga teniendo paciencia con todos nosotros.
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