“Un cristiano es libre, dueño y señor de todas las cosas y no está sometido a nadie. Un cristiano es un esclavo sujeto a prestación personal en todas las cosas y está sometido a todos” Martín Lutero. 1520

sábado, 10 de abril de 2010

El diablo.

Caminando un día por el campo, me encontré con un anciano que volvía al pueblo tras darse un buen paseo.

Como suele suceder en estos casos, acabamos hablando de todo lo humano y lo divino.

En este último campo surgió el asunto acerca de lo que Dios nos pide para concedernos su salvación.

Se mostró muy extrañado cuando le manifesté mi firme creencia acerca de la suficiencia de la fe para ser salvo, sin que tuvieran ningún mérito las buenas obras.

El buen hombre suspiró satisfecho y manifestó su alivió, ya que él creía firmemente en la existencia de Dios.

Le maticé que lo que Dios nos pedía no era exactamente creer en su existencia, sino nuestra confianza en Él, dejándonos en sus manos y sometiéndonos a Su voluntad. Le puse como ejemplo el consabido caso del Diablo y los demonios, los cuales sin duda creen firmemente en la existencia de Dios y no por ello dejan de ser el Diablo y sus demonios.

No contestó al momento, reflexionó unos instantes y exclamó totalmente convencido:

-Pues debe ser que en el fondo el Diablo no es tan malo.

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