Leyendo un pequeño tratado anabautista me he encontrado con una curiosa propuesta aritmética.
Parte de que la experiencia para el mal de Satanás comenzó hace unos 6.000 años. En cambio la formación de cada cristiano comenzó en el mejor de los casos desde el nacimiento.
Sugiere dicho tratado que hagamos una sencilla operación consistente en dividir 6000 entre el número de años que llevamos recibiendo doctrina cristiana.
En cualquiera de los casos, la cifra que obtendremos será ínfima, y será la fracción de nuestra experiencia frente a la del diablo.
De ahí surge la evidente conclusión de nuestra imposibilidad de luchar solos contra él.
Necesitamos la ayuda de otros. Y qué mejor lugar para encontrar esa ayuda y compañerismo, que en la iglesia.
Estamos sosteniendo un combate desigual donde cualquier ayuda es poca, y donde el no acudir a esa colaboración y apoyo no deja de ser colaboración con el enemigo. Y cualquiera que haya visto unas pocas películas bélicas ya sabe como se paga el colaboracionismo con el Enemigo.
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