Para que luego digan que el leer sólo Teología provoca tal grado de especialización y obsesión que aleja de toda realidad y de la existencia de cualquier otro saber.
Me encontraba leyendo el 5º tomo de las obras escogidas de Martín Lutero (10 tomos de los gordos las escogidas, 50 las completas) cuando me encontré con que Lutero calificaba a un argumento usado por Carlstad, su adversario, y que estimaba que se había vuelto en su contra (de Carlstad), era definido como un boomerang. O así lo vertía el traductor del alemán al español.
Me extrañó el uso de tal vocablo, pues consideraba que habiendo vivido el reformador antes del descubrimiento de Australia, difícilmente podía utilizar esa palabra.
Investigué un poco, y me encontré que el bomerán (como es permitido por la Academia) ha existido en todas las épocas y continentes, pero cada uno con una denominación diferente.
Ahora sólo me queda aprender alemán para poder leer el original en su idioma y saber qué vocablo utilizó Martín Lutero para calificar ese argumento que se volvía contra su propio autor.
Pero uno, que no es ni de lejos como Miguel de Unamuno, mucho se teme que jamás llegue a dominar más de tres o cuatro palabras en tudesco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario