Ayer mismo me encontré con un blogguero que proclamaba su tesis de que la explicación a la actual pérdida de valores es que es debida nada menos que a la Reforma protestante.
De acuerdo que en España se han perdido valores, pero la Reforma no triunfó desgraciadamente en España, las confesiones evangélicas son muy minoritarias en España y apenas tienen influencia, luego ¿cómo han podido causar tal pérdida de valores?
En vez de buscar culpables externos, más valdría que la iglesia católica se mirase en el espejo. Cuando las cosas vienen bien no tiene repara en unirse al trono, durante siglos España ha sido un estado confesional con persecución y hostilidad más o menos intensa hacia las demás confesiones, rematándolo 40 años de nacionalcatolicismo.
Ahora que se ven nubarrones en el horizonte se apela a la libertad de enseñanza, de religión, etc.Simplemente bastaría con preguntar a la generación nacida en los años 40 y que no pisan un templo salvo para bautizos, bodas y funerales. Puedo asegurar que la inmensa mayoría no han leído un sólo texto de Lutero, que la Biblia que seguramente tienen en sus casas sólo la han cogido para quitarla el polvo, y también se quejarán de la pérdida de valores, pero no le echarán las culpas al protestantismo sino a la propia iglesia católica, a la que han visto como controlaba la educación durante su infancia, como vigilaba los contenidos de la única televisión, como reprimía cualquier disidencia teológica (hasta el Concilio Vaticano II se contemplaba como una herejía)
Ahora que ha perdido poder, que no puede apelar al Estado para defender sus privilegios, que su influencia se resume en una radio y alguna que otra manifestación, que aprenda de una vez por todas que por los valores del Evangelio se lucha de otra manera. A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César.
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