“Un cristiano es libre, dueño y señor de todas las cosas y no está sometido a nadie. Un cristiano es un esclavo sujeto a prestación personal en todas las cosas y está sometido a todos” Martín Lutero. 1520

jueves, 20 de noviembre de 2008

Prórrogas.


A menudo podemos ver por las calles decenas de carteles que anuncian espectáculos musicales, circos, ferias, exposiciones, etc. Generalmente entre la información que aportan figura la fecha hasta la que dicho espectáculo estará abierto al público. En función de los días que faltan para su clausura los interesados pueden fijar cuando van a poder visitar el evento. Y a menudo sucede también que muchos van posponiendo la cita por otros compromisos o por pereza hasta que finalmente llega la fecha y se quedan sin disfrutar del evento. Y eso que frecuentemente sobre dichos carteles se van colocando otros más pequeños que advierten que la actuación se ha prorrogado hasta una fecha determinada.

El ser humano reacciona así en muchos ámbitos. En el más importante de ellos, la Palabra de Dios ya nos advierte, y cada día podemos ver que es cierto, que la vida tiene una fecha de caducidad ineludible.

Pero tendemos a ver ese plazo muy lejano y remoto, y sucede que a diferencia de esos carteles no sabemos la fecha exacta en que finaliza el “evento” y actuamos como si se estuviera prorrogando indefinidamente.
Lo cierto es que se nos pide simplemente que acudamos a Dios y confiemos en Él dentro del plazo. Ninguno podemos saber el tiempo que aún nos queda para hacer esa visita, pero el sentido común dice que cuanto antes se haga esa visita será mejor, y que todo ello será para nuestro bien, porque una vez que cumpla el plazo establecido para cada uno no habrá carteles con nuevas prórrogas y el tiempo se va acabando.

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