Se ha definido como una apertura de brazos la oferta que Benedicto XVI ha hecho a los anglicanos descontentos con la orientación que ha tomado su iglesia.
Pero cuando se abren los brazos a continuación se cierran afectuosamente o se apretan apresando al incauto que se ha dejado atrapar.
El Vaticano ha visto su momento y lo ha aprovechado. Westminster estaba debilitado y le han lanzado una OPA hostil, muy hostil.
Llevamos oyendo desde hace muchos años aquello de que ingentes masas de anglicanos descontentos se iban a pasar prácticamente en masa al catolicismo, pero ello no acaba de producirse. No porque el anglicanismo haya mejorado, sino porque hoy, en plena era las comunicaciones y la información, el anglicano medio puede ver donde se metería.
Ya pareció cuando el cardenal Newman se cambió de bando que las conversiones iban a ser masivas. También lo pareció cuando se habló de que Tony Blair se convertía al catolicismo (sorprendente que demorara su cambio por estrategia política, eso dice mucho de su sinceridad) y a día de hoy no sabemos si es católico o permanece anglicano; o no es ni una cosa ni la otra)
Algo me dice que esta tormenta pasará, que las conversiones serán escasas, y mientras continuará la sangría católica en Sudamérica y la desafección en Europa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario