“Un cristiano es libre, dueño y señor de todas las cosas y no está sometido a nadie. Un cristiano es un esclavo sujeto a prestación personal en todas las cosas y está sometido a todos” Martín Lutero. 1520

miércoles, 27 de mayo de 2009

Visita.

Hace pocos domingos visité una iglesia que no pertenece a mi denominación.
Para lo que es habitual en las iglesias evangélicas españolas, el templo era imponente y uno de los de más solera de la capital. Enseguida se ve que la comunidad cuenta con un presupuesto más que correcto y los medios disponibles son suficientes para atender a las necesidades de todos los creyentes.
¿Suficientes? No exactamente. Esa iglesia adolece de falta de pastor. Llevan bastante tiempo sin él, y aunque el visitante ocasional es bienvenido sin lugar a dudas, es orientado, confortado e incluso invitado a participar en la escuela dominical posterior (abierta a todas las edades)
Resultaba animador ver cómo participaban bastantes fieles a lo largo del oficio: lecturas, canto de himnos, ofrendas, distribución de la cena, etc., Pero se veía que faltaba algo.
Valga la mala comparación, pero mientras asistía al acto no pude por menos que pensar que estaba verificando la diferencia que existía entre un equipo profesional y uno aficionado.
Me pregunto cómo será un oficio en en las iglesias que teóricamente no cuentan con ministros ordenados y todos los miembros tienen las mismas opciones de participar, hablar u orar, como sucede entre los cuáqueros.
Ciertamente el contar con un pastor también tiene sus riesgos y desventajas: personalismo, asunción de tareas que no son suyas, excesivo control, etc. pero visto lo visto, es un riesgo que merece la pena aceptar.

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