“Un cristiano es libre, dueño y señor de todas las cosas y no está sometido a nadie. Un cristiano es un esclavo sujeto a prestación personal en todas las cosas y está sometido a todos” Martín Lutero. 1520

lunes, 2 de marzo de 2009

En todas partes cuecen habas.

He leído hoy la noticia de que el padre de Bar Rafaeli, la modelo israelí e israelita y novia del actor Di Caprio, ha dado un ultimatum a este último para que si quiere casarse con su hija se ha de convertir al judaismo.
A la vista esta que la moral selectiva no es exclusiva del cristianismo. Al preocupado padre no le ofende las más que previsibles (y si no las hay se podría decir aquello de la mujer del César) relaciones prematrimoniales de su hija con el actor, las fotos más que insinuantes con que se muestra en revistas de todo el mundo y la más que poca gala que hace de vida de judía virtuosa ante los medios de comunicación.
No, al padre sólo le preocupa que el actor se convierta antes del enlace. Antes que nada la tradición. Tampoco parece que Leonardo di Caprio sea un cristiano fervoroso y tal vez el único inconveniente que encuentre para la conversión sea el doloroso trámite previo a la conversión.
Uno no es muy exacto en sus previsiones, pero algo me dice que es más que previsible que finalmente ante la tesitura el novio dé marcha atrás y no por escrúpulos morales o religiosos, sino por temor al dolor (y no el eterno precisamente)

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