
A lo largo de la historia cientos de personajes han intentado interpretar la Biblia de las formas más extravagantes y paranóicas que uno pueda imaginar con tal de acomodarla a sus doctrinas, cuando en realidad debería ser al revés.
Algo así sucedió con Basílides, un gnóstico del siglo II. Dado que no podía comprender cómo Dios, perfecta inmutabilidad y no suceptible a cambio alguno y menos aún a la muerte, se podía haber encarnado en Jesús. Sostuvo sin temblarle el pulso que quien murió realmente en la cruz no fue Cristo, sino Simón de Cirene. Cuando Simón ayudó a Cristo a llevar la cruz. Mc. 15:21, los romanos lo confundieron con Cristo, quien logró escapar mientras Simon era ejecutado.
Rocambolesca explicación que se acomoda a la versión musulmana actual de lo que allí sucedió y también de aquellos que actualmente tal ejecución les parece supérflua y prefieren ver a Cristo como un mero reformador social y hasta revolucionario, que al final aquello se le fue de las manos y fue reprimido por los imperialistas de la época.
¡Con lo fácil que es aceptar lo que la Biblia describe con toda claridad!
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